Hemos leído acerca del lavamiento de los pies que Jesús hizo con sus discípulos en Juan 13, esto siempre es asociado con un acto de humildad y de servicio de parte de Jesús y algo que nosotros debemos imitar.
En el versículo 3 dice que Jesús sabía quién era y que capacidades tenia. Por lo tanto entendía que debía lavar los pies de los discípulos. Sin embargo, Pedro intento impedir que Jesús le lavara los pies (versículo 8) por no entender su condición ni el propósito de Jesús y quizás hasta por orgullo.
El propósito del acto de Jesús, aunque expresa humildad, no era para mostrar lo humilde o bueno que era el Señor, en realidad, era necesario para que se cumpliera el propósito del Padre a través de Jesús.
1) Que los discípulos recibieran a Jesús o lo reconocieran como aquel que había descendido del cielo, aquel que venía de Dios y pudieran ser limpios por completo, para así posteriormente recibir al Espíritu que el enviaría, versículo 20.
2) En los versículos 14 y 15 menciona que nosotros debemos hacer lo mismo los unos con los otros, y en el versículo 17 dice que seremos bienaventurados si sabemos estas cosas y las hacemos.
¿Por qué nosotros tenemos que hacer lo mismo?
La razón es que debemos seguir siendo limpios de los pies, debido a la suciedad que adquirimos en el caminar diario, y a través de quienes conforman la iglesia, la cual es la expresión de Jesús, quien puede limpiar los pies de la gente para que pueda creer en Jesús y recibir al Espíritu Santo en su vida.
Por lo que tenemos que limpiarnos los unos a los otros por medio de la palabra y sirviéndonos unos a otros, además debemos permitir ser limpiados por los demás (a veces no aceptamos lo que los demás nos dicen o hacen con nosotros), esto también es un acto de humildad.