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Edificando la casa de Dios, la casa de Oración

Edificando la casa de Dios, la casa de Oración

Mi esposa y yo hemos aprendido de una forma práctica que, como personas, como familia, como comunidad, como iglesia, somos la casa de Dios. Nuestros estilos de vida deben reflejar una casa de Dios.

Pero empecemos definiendo que es la casa de Dios. En el siguiente versículo vemos algo muy importante.

Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? (Marcos 11:17)

Aquí vemos que Jesús le dio una identidad a la casa de Dios, le llamo casa de oración.

Primer principio, la casa de oración de forma individual.

La casa de oración comienza de una forma individual, haciendo nuestros cuerpos una morada para Dios.

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. (Juan 14:23)

En este versículo podemos ver dos cosas muy interesantes, la primera es que Dios hará morada en nosotros, esto es, en nuestros cuerpos, entonces podemos confirmar que nosotros mismos somos la casa de Dios, la casa de oración, y la segunda es que es necesario que guardemos su palabra y para esto que le amemos.

Para amarlo es necesario conocerlo, e interactuar con él, orando, esperando en él, que él nos sustente, que él nos hable, que él nos sane, exponerle nuestros pensamientos y poniendo por obra sus mandamientos, todo esto para poder ver sus maravillas. Un salmo expresa lo siguiente:

¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová¡ (Salmo 92:5)

Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. (Salmo 18:1-2)

Esto lo escribió alguien que conocía a Dios, que sabía cómo era él y podía expresar su amor para el Señor.

Cuando lo amamos hacemos sus mandamientos y entonces él mora en nosotros, a Dios le agrada estar en nosotros, en el libro de proverbios hay una expresión muy peculiar:

Me regocijo en la parte habitable de su tierra; Y mis delicias son con los hijos de los hombres. (Proverbios 8:31)

Realmente Dios se deleita en estar con nosotros.

En la práctica podemos ver que nosotros somos la casa de oración ya que la oración es la forma en la que nos comunicamos con Dios, y como ya vimos, a Dios le agrada eso, pero, además, es necesario vivir lo que Dios nos dice, esto es, sus mandamientos. Los dos mandamientos esenciales son estos:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mateo 22:37,39)

Amar a Dios, es amar lo que él hace, lo que él dice, lo que él desea, y una de las cosas que él desea es construir su casa, esto es, que haya personas que guarden sus mandamientos para que pueda morar en nosotros, y esto tiene que ver con el segundo mandamiento, Dios quiere que nos amemos para que entonces nos edifiquemos mutuamente y así conocer su voluntad, que nos enseñemos, que nos animemos, que seamos ejemplos unos de otros.

Entonces podemos decir que el primero y segundo mandamiento tiene mucho que ver con trabajar para que la casa de Dios se construya y a la vez trabajar unos por otros para que podamos amar a Dios y hacer su voluntad.

Segundo principio, la casa de oración en comunidad.

Una vez que ya somos la casa de oración como personas individuales, es necesario que nos reunamos, para que el cuerpo de Cristo este completo, no podemos ser el cuerpo de Cristo individualmente. Veamos lo que dicen estos versículos:

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mateo 18:20)

Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. (Efesios 1:22-23)

La palabra iglesia viene de la palabra griega Str-1577-ἐκκλησία (ekklésia), esta palabra significa asamblea o reunión. Esto quiere decir que es más de una persona reunidas.

Pero si analizamos a fondo la palabra Ekklésia, podemos ver que esta reunión de gente tiene un propósito muy especial.

En la antigua Grecia, la palabra ekklésia era usada para nombrar a la asamblea que se hacía en los gobiernos locales o de estado para tomar decisiones sobre temas importantes a resolver.

Llama la atención que el apóstol Pablo menciono lo siguiente:

¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida? (1 Cor. 6:1-3)

Y el salmo 149 dice lo siguiente:

Exalten a Dios con sus gargantas, Y espadas de dos filos en sus manos, Para ejecutar venganza entre las naciones, Y castigo entre los pueblos; Para aprisionar a sus reyes con grillos, Y a sus nobles con cadenas de hierro; Para ejecutar en ellos el juicio decretado; Gloria será esto para todos sus santos. Aleluya. (Salmo 149:6-9)

Entonces cuando nos reunimos en grupos y oramos, nos convertimos en una asamblea que gobierna, que juzga, que ejerce autoridad en el ámbito espiritual, entonces completamos así el cuerpo de Cristo, un grupo de gente que hace la voluntad de Dios y tiene la autoridad para juzgar con justicia, buen juicio, equidad, verdad y excelencia (Prov. 1:3, Prov. 8) cuando se reúne. Todo esto por medio de la oración.

Conclusión

La casa de Dios, es la casa de oración y esta a su vez es el conjunto de personas que aman a Dios y hacen su voluntad y que se reúnen para ejercer gobierno en el ámbito espiritual.

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