Lucas 18, LA ORACIÓN, LA SALVACIÓN Y EL PODER DE DIOS.
- En los versículos 1 al 8 habla de una viuda que pide justicia a un juez injusto, y este le termina haciendo justicia debido a su insistencia, y Jesús compara esto con la oración hacia Dios, ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?.
- En los versículos 9 al 14, habla de dos personas que oran a Dios, uno era publicano y el otro fariseo, el fariseo habla a Dios justificado por sus obras, enalteciéndose sobre un pecador, el publicano simplemente le dice a Dios, sé propicio a mi pecador, que es lo mismo, ten misericordia de mí que soy pecador.
- En los versículos 15 al 17, señala la actitud que debemos tener ante el reino de los cielos, ser como niños.
- Después, en los versículos 18 al 30, Jesus habla del precio y las recompensas de seguirlo, sin embargo, menciona que solo Dios puede lograr esa obra en alguien, porque para él nada es imposible.
- Curiosamente en los siguientes versículos, 31 al 34, menciona las profecías cumplidas acerca de Jesús, en este caso se refiere a Isaías 53, que habla de sus padecimientos, “EL VERDADERO PRECIO DE NUESTRA SALVACIÓN”.
- Finalmente, en los versículos 35 al 43 menciona la historia de un ciego que sabe que Jesús va pasando y clama: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!, Jesús lo escucha y le pregunta: ¿Qué quieres que te haga? y el responde, que reciba la vista, Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado. El hombre finalmente glorifica a Dios por lo que recibió y el pueblo dio alabanzas a Dios.
Esta última parte es impactante ya que resume todo, primeramente, el ciego clama, con humildad reconociendo a Jesús como el enviado de Dios, después le pide algo y al recibir, glorifica a Dios y produce alabanzas en los demás, pero no solamente recibió la vista, sino que también recibió la salvación, por creer que Jesús era el mesías.
En todo este capítulo podemos ver entonces dos cosas muy importantes, la actitud que debemos de tener al orar, la cual debe ser con fe, con humildad y con persistencia, y vemos también, algo maravilloso: Dios trajo salvación, no solo a este hombre si no a todos, por medio de los padecimientos de Jesús, dando entender que ninguna obra justificara a los hombres, solo el mismo poder de Dios, y nosotros solo tenemos que creer en la obra de Jesús.